COMBARRO: Cantiga gallega de piedra

Simbiose terra-mar

Todo pueblo tiene derecho, y hasta obligación, de crecer y multiplicarse. Pero hay pueblos en los cuales la virginidad es aconsejable porque en su multiplicación está el fundamento de su pérdida de importancia. Por tales pondríamos, en Galicia, a Combarro, a  O Cebreiro y hasta, alargando un poco el concepto, a Portomarín.

Como el hueco de una mano.
De puntillas sobre el mar y descansando sus robustos hombros en la almohada de la tierra, que se adorna con encajes de pinos y bordados de higueras, Combarro se pliega al borde de la ría pontevedresa como si quisiera acogerse en el hueco de una mano suave y cálida. Si los hombres y los siglos no se hubieran unido para dar a la piedra un sentido de solemnidad y un aire decorativo, quizás Combarro no pasaría de ser un pueblecito más de la dentada costa gallega.

Rúa San Roque

El hombre puso su granito en la escalera, balconada, columna y hórreo. El tiempo puso en hórreo, columna, balconada y escalera el sello blancuzco de los líquenes. Y todo esto, bien unido, ha hecho de Combarro… ¡eso!, es decir, ¡Combarro!. Un pueblo original, diremos único, colocado en un lugar de paz desde el cual se ven pasar los barcos de guerra; un pueblo ni rico de industrias ni de historias, pero multimillonario en aspectos inesperados que él regala, sin más ni más, al que le visita; un pueblo al que, para hallarle en España adelante una coincidencia, quizás tendríamos que quedarnos con Santillana del Mar, después de convertir la arcada en porche y el escudo en hórreo.

Gradúa Combarro sus edificaciones en el declive hacia el mar de modo que, a las mismas, sean el cielo y el agua los que le sirvan de fondo. Nacen así los contraluces que perfilan edificios y que a veces parecen elevar hasta los tejados los palos de las embarcaciones, convirtiendo a un “cabozo” en acorazado de piedra, movido a vela; mientras en otras ocasiones dan el fuerte contraste de una silueta de mujer que, “patela” en la cabeza, camina hacia el arenal donde el pescado, recién llegado del mar, espera aun contorsionándose en la lenta agonRecunchoía.

Fruto de los hombres y del tiempo.

Combarro es, como hemos dicho, fruto de los hombres y del tiempo. Pero ¡Por Dios!, que no nos modernicen Combarro como se ha hecho con otros pueblos. Tal como es puede presumir de fotogénico. Pruebas ha dado y sigue dando de ello. A través de los objetivos de las cámaras fotográficas, pasó y pasa Combarro en conjunto o desmenuzado en casa, corredor, calle y peña, teniendo siempre como fondo un trocito de ría, con “dorna” adormilada en el breve lecho del agua. Pero hace mucho tiempo ya que Combarro se estuvo serio y quietecito para que unos señores de grandes bigotes, que allí llegaban con grandes polainas de cuero y gorras de visera –después de haber saludado a Montero Ríos o a Don Perfecto-, pudieran asestarle el ojo de los grandes angulares de sus daguerrotipos.¡Combarro salía bellísimo en unas fotografías viradas en sepia y montadas en cartoncillo con bisel dorado!.

Tentación para aguafortista.
Contemplando el conjunto del pueblo, yo siempre he pensado que a Combarro no le colocaron allí unos pescadores de la ría, ni los monjes del “podium” vecino, ni unos señores de horca y cuchillo. Nos parece que allí le puso un acuafortista, para tener siempre tema fresco para su arte y lugar seguro donde ensavar pulso y buril. ¿ Verdad amigo Castro Gil, que las columnas robustas y los dinteles de una sola pieza y los panzudos balaustres de las balconadas y los peldaños de granito, que perdieron su horizontalidad por el desgaste o por su peso, son una tentación perpetua para quien ama el grabado ?, y ¿ no es más verdad que aquellos hórreos “en batería”, cargados con la dorada munición del maíz, acenan al dibujante con los múltiples y rasgados ojos de sus ventiladores y con las cruces y figuras de proa y popa de la gamela volcada que es su tejado ?.

Pza. San Roque

Todos sabemos que Santiago es un himno de piedra, porque el granito ha sido grabado con versos de un soneto.

Combarro, en cambio, es una cantiga gallega, cuyos versos de cantería tienen el sabor de lo espontáneo. Santiago una ciudad “en” piedra. Combarro, un pueblo “de” piedra, lo que quiere decir que parece ser una floración de la misma piedra que le sirve de asiento.

Es verdad que habrá quien allí llegue y no sepa captar este valor del pueblecito marinero pontevedrés, juzgándole irremisiblemente viejo.¡ Una pena !, porque quien tal opine no podrá ver que Combarro es un pueblo nuevo, porque es siempre, para el que sabe verle, novedad y atractivo, y que su gracia está en ese agrupar de masas, tamizar luces, contrastar planos y servir de fondo a la figura juvenil de la rapaza que se asoma a la solana o que baja por las pinas calles que a la “ribeira” conducen.

PSoportais da Rúaorque es así, Combarro sirvió de escenario para películas, de argumento para novelas, de tema para cuadros y de motivo para fotografías, y que ha sido exhibido mundo adelante en exposiciones, libros, oficinas de turismo y carteles murales. Así seguirá siendo este pueblo, si no nos lo “arreglan”. El día que lo hagan, Combarro recibirá la primera de la mortal herida que le irá desangrando lentamente hasta dejarle convertido en un puertecito pesquero como tantos otros que lavan sus pies en el “mar de homes”, en las rías bajas o altas,situadas a babor y estribor de Finisterre, al arrimo de la Estaca de Bares o del Cabo Prior o de la Península del Morrazo.

Defensa de un título.
Si hay leyes que dan a un pueblo título de “lugar de interés”, las debe de haber que impidan que les sea quitado ese título. Combarro pide esa ley, porque por muchos pueblos que se levanten en la “Expo” de varios países titulándolos “pueblos típicos”, nunca podrán tener el valor real y sentimental de los hórreos y casas de Combarro o de las “pallozas” de O Cebreiro.

Creo que debiera ponerse en torno a Combarro una fila de vigilantes admiradores que velen por que la gracia fuerte –Combarro no rima con nada femenino- del puertecito pontevedrés se mantenga firme contra afanes renovadores , como se mantiene firme Tambo que, en medio de la ría, parte aguas, dando a Marín las que le corresponden y a Sanxenxo y Combarro las que le pertenecen.

Tiene la costa otros lugares donde levantar pueblos alegres e higiénicos. Levántense, que bien está lo nuevo también. Pero que no nos hagan “nuevo” este Combarro, porque ya tiene en sí mismo una actualidad que sólo los atrasados “modernizadores a toda costa” no saben descubrir.

Una actualidad que se forma de piedras, líquenes, de aroma de pinos y áureas marinas en el ambiente de una ría cuyos nombres fue dejando Colón en otros tantos lugares de las tierras americanas que descubría, al tiempo en que los del “cerco de Juan de Colón” hacían sepulturas bajo las piedras góticas de la iglesia de Santa María.

Hórreo típico

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